Benjamín Péret

Antonin Artaud

Paul Eluard

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A la misteriosa ( 1926 )

Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.

¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo
y besar sobre esa boca
el nacimiento de la voz que quiero?

Tanto he soñado contigo,
que mis brazos habituados a cruzarse
sobre mi pecho, abrazan tu sombra,
y tal vez ya no sepan adaptarse
al contorno de tu cuerpo.

Tanto he soñado contigo,
que seguramente ya no podré despertar.

Duermo de pie,
con mi pobre cuerpo ofrecido
a todas las apariencias
de la vida y del amor, y tú, eres la única
que cuenta ahora para mí.

Más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios, que los primeros labios
y la primera frente que encuentre.

Y frente a la existencia real
de aquello que me obsesiona
desde hace días y años
seguramente me transformaré en sombra.

Tanto he soñado contigo,
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado
de tu sombra y de tu fantasma,
y por lo tanto,
ya no me queda sino ser fantasma
entre los fantasmas y cien veces más sombra
que la sombra que siempre pasea alegremente
por el cuadrante solar de tu vida.


Robert Desnos (1900-1945)

Poeta francés, nació el 4 julio 1900 en AlenQon y murió el 8 junio 1945 en el campo de concentración de Terezin (Checoslovaquia). Empezó siendo dadaísta (v. BRETON, ANDRÉ); en 1919 colaboraba en la revista Littérature; en 1922 se convirtió al surrealismo (v.). Sus excepcionales cualidades de médium le dieron notoriedad ya que le servían para la transcripción poética de lo que él llamaba «prácticas» (en realidad, se trataba de experiencias oníricas). Desnos fue el gran especialista de la poesía automática. Escribía y anotaba en estado de hipnosis, sirviéndose de un lenguaje riquísimo que él cargaba de mágico significado, asociando entre sí los vocablos mediante una inconsciente selección rítmica y simbólica, sin conceder importancia a las rupturas de la realidad espacial o temporal. La abundancia de vocabulario y la continua capacidad de deslumbramiento ante lo vivo aproximan la poesía de Desnos a la de Éluard (v.). Desnos siente tal entusiasmo por las palabras que sus poemas han sido calificados de «delirio oratorio». La exuberancia verbal suele, sin embargo, estar contenida dentro del rigor de las formas métricas más clásicas (p. ej., sonetos en verso alejandrino). Al producirse la escisión del surrealismo, Desnos se colocó del lado de los «comprometidos». Durante la II Guerra mundial entró en la resistencia y, apresado por los alemanes, fue enviado al campo de concentración en que murió.

Robert Desnos: el sueño, el medium.

Nadie pudo haber sido más consecuente, más radical, más frenético que Robert Desnos. Y no lo hizo para demostrar una postura, ni para mostrar que lo que buscaba era lo ideal que se hallaba en relación secreta, hermética con la realidad. Fundación del sueño, del inconsciente, o del mismo mundo onírico en el cual se adentraba haciendo para sí, en sí mismo una torsión, un quiebre, una fisura desde la cual o en la cual poder hacerse la sustancia, a la esencia misma del sueño. No había en el más que un desbordamiento, un derrumbamiento de la realidad, por medio del sueño, un invocación del sueño, pero también un deseo de poseerse en el trance, en el éxtasis, estos precipicios y abismos del conocer. Que pertenecen al precipitado. Desnos es el poeta de las precipitaciones, de las crepitaciones.

Trance que lo hace ver a sí mismo, más no el sueño, en el que no podía verse, o sueños de los que no podía hablar, como el mismo lo dice en el "Diario de una aparición: "Mis sueños se han hecho para mí más pesados, más profundo, más espesos. Al despertar, no tengo el recuerdo de lo que he soñado, si no el recuerdo de que soñado, sin poder precisar mis sueños. O en cuando en ese mismo texto, textimonio se rebela para decirnos: "Y en nosotros maldecimos el escepticismo del recuerdo y de la tendencia humana a confundir el presente con la realidad".

Yo quiero soñar, pero ese soñar, tiene que tender a hacer real lo maravilloso. Eso es lo que intenta, esa la tentación irrevocable en la que Desnos quiere estar, es la que busca sentir con todos los sentidos, con los sentidos llenos de movimiento, de tensión absoluta. No se sueña para hacer un libro, no se tienen sueños para ser conocido, sino para continuar siendo un desconocido, un desconocido de sí mismo. Violamos el sueño, en el momento en que queremos verlo, en intentamos hacerlo nuestro. El sueño, como una hechicera se oculta. En ello, Desnos es absolutamente contrario a la tesis Pierre Reverdy, que dice en "El soñador a través de las murallas" que: "No pienso que el sueño sea estrictamente lo contrario del pensamiento. Lo que conozco de él me inclina a creer que es, en resumidas cuentas, una forma más libre, más abandonada. El sueño y el pensamiento son cada cual el lado diferente de una misma cosa, el revés y el derecho".

Esa no es la intención de Desnos; sin que por ello mismo estemos aquí dando a la intención su carácter de dominio, de poder. La intención es para nosotros, la intensidad. Esa, no otra, es la intención, o sea que esta no hecha para que otro la escuche o la determine. Es la intención del mediúm. Por eso mismo para Desnos no existe eso del pensamiento, eso que Occidente ha llamado pensar. De modo que el sueño, no tiene que pensar, no piensa, es lo maravilloso, es el misterio. El misterio se revela es donde no puede haber pensamiento. Tenemos entonces que lo que queda es el conocer por el sueño, por el misterio. Conocer es, abrir las puertas del sueño, o para decirlo con Huxley, las puertas de la percepción.

Decíamos que la intención del mediúm en Desnos, es la mediación entre lo que el sueño dice; en el cual todavía quedan excrecencias, residuos, fragmentos de la razón; y lo que el sueño no puede nombrar. Es decir, lo que hace entonces necesaria la intención del medium, del trance, porque allí no cabe el sueño. Y de esa manera, se hace del trance una técnica para hacer más visible, más evidente lo que el sueño no puede mostrar. Por ello mismo la forma mediúunica, esta llena de locura, de extravío, de insolencia, de trastorno real de los sentidos, como lo invocaba Rimbaud.

El mediúm, es que se extasía en lo que queda de los sentidos, en el vacío mismo de los sentidos. Ya no quedan sentidos para percibir lo desconocido, para hallar el secreto del misterio. Es entonces la monáda leibniziana. No sabemos que es, pero lo decimos. Queda dicho que el sueño, para Desnos se halla todavía dentro de una realidad, que todavía se halla dentro de lo racional, que sin duda, se le hace indestructible, por eso mismo, por esa misma inquietud intenta descubrir, conocer el misterio por la técnica del medium. Esto lleva, a que el trance ocurra en cualquier momento. El trance no tiene medida, es incontenible.

Del sueño, del Oceano Índico del sueño, trae uno que otro texto, una que otra aparición. Las apariciones en Desnos, se encuentran en el sueño, mientras que la profecía la halla en medio del trance. Trance es la profecía. Texto de profecías, el poeta como profeta, lo cual en nuestra modernidad, no tiene sentido. Ella misma intenta crear nuevos símbolos para inmovilizar su destrucción, su muerte. Profecía es lo que habla al porvenir. Eso, que sin forma, sin realidad, está ahí. O que estará ahí para siempre, porque todavía no es el momento de su revelación, del sernos visible.

Porque, además no tiene porque serlo; la profecía se oculta otra vez, cuando se cree poseerla. Bohme o Paracelso. Paracelso antes que Pascal, para nosotros, queremos decir. Lo mismo es la profecía en Desnos. Texto de profecía, o "Libros de profecías" como él mismo los llamó, escritas entre el 29 y 30 de julio de 1925. Profecía en relación con él, con los otros. Conocer el destino no es resolverlo, eso también es una profecía. No conocemos nada de nosotros mismos, ni siquiera con la muerte. Demos muerte al intento obsceno de conocernos a nosotros mismos; porque otro nos sabe desde el principio mismo.

Otro nos mira y se sacia en nosotros. "Profeta -dice Desnos- sin obedecer en absoluto a mi razón". Leamos en libro de los seres principales, como los llamaba Maria Sabina. Leamos en este libro de Desnos: "Rusia tu destino es blanco como la nieve y por adelantarse al cambio perderás hasta tu nombre de las estepas mongólicas a las fronteras polacas". "Aragón. Gran viejo encorvado. Es 1964. La gloria le parece vana y recordando a otros atraviesa el cementerio de Montparnasse siete días antes de su muerte. Minutos antes de la hora del cierre". O en el Tercer libro de profecías, en donde dice más de sí, que de los otros: "Hoy, pasado y futuro son para mí presente y niego la muerte". "1941 año de mis fantasmas". "¿Qué hago en esa casa en medio de las salinas? 1935." Y esta otra: "No creo morirme de muerte natural?". Profecía entonces, que se crea en el trance, por eso mismo no es la poesía, que se crea en la inspiración. La inspiración es del poeta, la profecía es del profeta.

Desnos también, a su manera, nos revela y oculta la mujer, el amor, la poesía y la libertad que son y fueron para el surrealismo el principio y el telos. Pero en Desnos, eran más que nada apariciones. Lo que se le aparece es la mujer, la que lleva sobre sí, la que lleva en sí todos los misterios y los secretos. La mujer liberada de ella misma, la que se posee en el sueño y en la realidad para iniciarse en lo maravilloso. Nada de mentirnos porque es la libertad la que hace la tarea de fundición de lo meramente racional, de los intereses, o siendo más, de la sexualidad, que perturba el deseo. El deseo incendia, quema la sexualidad.

Erotismo, eso es lo que habrán de conocer. Lo femenino que halla su masculino. Relación de instante en instante. Poder de la perversión, que esta más cerca de lo creador que de la imitación. La sexualidad, es pues una imitación, es lo que se pude contener, es de lo que se puede hablar, es la obscenidad. Eros conoce es la muerte, porque sin la muerte no puede haber amor. Amor es para la muerte, lo intuía Robert Denos.

La mujer es la muerte, es aquello que no tiene sentido; por eso mismo en la vida, es la aparición, es el objeto mismo del amor. Objeto amoroso, para decirlo de una vez, objeto de la liberación de lo masculino. Pero ese objeto amoroso, solamente esta o existe en el misterio, donde no se alcanza nunca a poseerlo. No, no es lo ideal, en Desnos es lo real; porque al poseerlo no lo descubre totalmente, no lo tiene para sí en su totalidad. Es la mediúm, a la que es necesario abrirle los ojos de hechicera, para no vernos nunca más como fantasmas.

¡Oh, ciudades en sus ojos, tormentas de locura, hilos del sueño que cuando se tensionan hacen ver ríos luminosos en nuestros labios! ¡Oh, islas de la melancolía, en las tú, mujer llevas los anillos de saturno en la mano! ¡Oh, mujer que desnuda como una aparición te hallas sobre la locomotora que viene sin rumbo de la noche! ¡Oh, mujer que tienes la llave del misterio, ven a nosotros que yacemos en la tumba!. O para pueda decirlo Desnos: " Sus labios hacen subir las láqrimas a mis ojos. Ella esta allí. Su palabra lleqa a mis sienes con sus martillos terribles. Sus muslos que yo imaqino tienen llamados espontáneos a la marcha. Tus labios hacen subir las laqrimas a mis ojos; te acuestas desnuda en mi cerebro y ya no me atrevo a dormir. Y además, ya basta, ve tú a hablar de tí en voz alta". Desnos es el poeta y profeta de la libertad y el amor. ¿Cómo han estado¿ Yo, como el salmón, contra la corriente.