Benjamín Péret

Antonin Artaud

Paul Eluard

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Movimiento Liberador de la Expresión Subconsciente

El común de la gente tiende a aplicar el término “surrealismo” a obras o hechos que superan lo corriente, basados en incoherencias o que se remitan a lo absurdo, olvidando que detrás hay mucho más.
Los Manifiestos y principales documentos de surrealismo que no se conseguían por agotados, habían entrado en la categoría de mito. Otro tanto ocurrió con la obra de André Bretón, las reediciones posteriores hicieron que su pensamiento se divulgase hasta constituirse en el punto de partida de la Revolución de Mayo de 1968 en París, “la semana rabiosa” se apoyo, teóricamente en el pensamiento de André Bretón y Albert Camus, la Oda a Fourrier, del primero tuvo, guardada las distancias, un papel similar al de la Marsellesa en la Revolución Francesa de 1789. El Surrealismo puede considerarse el movimiento más importante del siglo XX, puesto que se extendió no solamente a la pintura y a la escritura, sino que su acción abarcó el cine, el teatro, la filosofía, y el psicoanálisis. Totalizador de la vida del hombre, unió su proceso interior con la realidad externa, a través de los sueños y su expresión automática, trabajando en el descubrimiento de lo maravilloso, para dar la liberación al hombre y su completa fisonomía existencial. La definición básica a la que hay que atenerse es la del propio André Bretón, fundador del movimiento: Automatismo psíquico puro por el cual alguien se propone expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otra manera, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, en ausencia de cualquier control ejercido por la razón, al margen de toda preocupación estética o moral. Este movimiento nace en Francia en 1922 y logra propagarse por todo el mundo, su prioridad máxima era la liberación del hombre interior, sin ella, todo lo demás no tenía sentido, le daban fundamental importancia a los valores del espíritu y a la dignidad humana. Estos artistas, en su mayoría poetas, se agruparon alrededor de la revista vanguardista Literature y hacia el año 1924 constituirían ya un núcleo relativamente numeroso que funda el órgano exclusivo en ese movimiento: La Revolución Surrealiste, realizando simultáneamente un amplio programa de agitación. Ellos no hablaban solamente de literatura y de plástica, sino que proclamaban la necesidad de cambiar la vida y se proponían cuestiones sobre el hombre y la condición humana que parecían trascender del ámbito habitual del arte. Más que estilistas hacían el papel de revoltosos y en ellos parecía mezclarse lo político, lo filosófico y lo poético, al mismo tiempo que un curioso espíritu de investigación se unía a un afán por la aventura y el escándalo. En 1924 André Bretón da a luz el Primer Manifiesto Surrealista, en el cuál exalta el poder de la imaginación, la excelencia de lo maravilloso, la fuerza de la libertad, quiere acabar con el reinado de la lógica, desacreditar el racionalismo y anuncia que la imaginación está a punto de reconquistar sus derechos. Lo que constituyó la novedad en estas afirmaciones fue su esencia: el arte no tiene una función en sí, sino que es un modo de expresión de lo vital en el hombre. La preocupación fundamental de los surrealistas fue siempre el hombre concreto, su meta era una nueva declaración de los derechos del hombre. Sus primeros pasos se dirigieron hacia múltiples manifiestos y declaraciones colectivas. Esta revuelta surrealista desemboca en un marcado disconformismo, defendiendo una concepción sagrada de la vida en oposición ala sordidez en que está sumida la existencia del hombre de la época . Oponen la libertad del mundo anímico vital de los esquemas rígidos, y estandarizados de la razón. Emprenden su lucha contra una moral ridícula, producto de una religión petrificada en dogmas, que tiende a desvalorizar al hombre en nombre de mitos extrahumanos, destruyendo así todo lo específicamente humano que hay en él. El surrealismo es, en definitiva, una revuelta contra la sociedad convencional. El surrealismo resulta así el paladín del hombre en su ardiente protesta contra un mundo construido por aquellos poderosos, que intentan convencerlo que las coerciones surgen de un orden natural. Aparece entonces como una sistematización del inconformismo. Lo que se denomina espíritu burgués con todas sus normas y principios inamovibles, es el blanco predilecto de los surrealistas. Pero la palabra burgués supera para ellos, el simple signo de un estrato social, simboliza la petrificación de las convenciones, la mentira como norma de convivencia, la organización de tabúes sociales, con su correspondiente codificación de lo prohibido y la asfixia de todos los valores vitales, incluyendo los más sagrados valores del espíritu. Esta actitud agresiva y despiadada del movimiento ha influido en gran medida al hombre medio, puesto que la humanidad de cualquier época sufre la influencia de la visión de las cosas que ofrecen sus artistas. El Surrealismo, como todo creador, pone en juego una particular función del espíritu: la imaginación. Para ella tiene igual validez la realidad y lo desconocido, entrecruzándose en una confusión no-racional. Para ello recurren a un procedimiento muy personal, el automatismo, así como la utilización del material de los sueños, de las ensoñaciones y de las excitaciones. En estos elementos la imagen es fundamental. Es el centro de la creación, transformándola en un acercamiento de dos realidades alejadas. André Bretón señala “cuanto más alejadas están estas dos realidades que se ponen en contacto, más fuerte será la imagen, tendrá más potencia emotiva e impacto poético”. Esta disimilitud, esta distancia, es lo que da su peculiar intensidad a la imagen surrealista.La reunión de dos realidades alejadas ha sido designada con el nombre de “aproximaciones insólitas” y se basan en la capacidad que tiene la imaginación de captar relaciones que la razón jamás hubiera sospechado.. En este sentido constituyen un símbolo de la unión de los contrarios, de la intensidad de los opuestos. En ese terreno el sueño constituye un posible contacto con el mundo interno que exploran. Vinculados con las imágenes oníricas, portadoras de energía creadora en su forma primera no deformada, están los mecanismos delirantes de creación a los que Salvador Dalí dio especial empuje con su método paranoico-crítico. El surrealista se sirve frecuentemente del azar que nos enfrenta con la excepción, con lo que está fuera de las normas. Al utilizar mecanismos que ponen en juego ciertas afinidades ocultas entre el hombre y el universo.Aquello que la casualidad, lo accidental y más que nada, la coincidencia aportan, adquiriendo en algún momento una importancia excepcional. Todo ello no sería en definitiva más que la reconciliación de los fines de la naturaleza y el hombre. El surrealismo representa la protesta contra el orden convencional, es la manifestación más notable del inconformismo, que por momentos adquiere aspectos de ferocidad y crudeza inigualables. En el dominio plástico es donde el surrealismo tiene depositado su futuro, ya que la aventura de tal experimentación se manifiesta en su forma más rica y expresiva. Sobre la superficie de un cuadro se puede observar claramente la presencia de un mundo extraño y turbador con más nitidez y relieve que mediante la lectura de cualquier texto. En la plástica, el artista dejará de referirse a un modelo exterior, para intensificar definitivamente su universo interior. La otra realidad inconquistada, la de los sueños y las visiones oníricas, tienen un carácter visual antes que verbal. En consecuencia su traslado a la tela será más fácil e impactante, presentando con sorprendente legibilidad esos terrenos desconocidos. Además podemos agregar que este movimiento luchó en pro del hombre a secas, es decir por todo hombre individual y concreto, independiente a su ideología, nacionalidad o creencia, y que supo desenmascarar a todos aquellos que en el pasado y en el presente han pretendido ampulosamente salvar a la humanidad, sacrificando el destino y las aspiraciones del ser humano. Para esa lucha usó un arma cuyo verdadero poder todavía desconocemos: el arte. Sus dos componentes activos son la libertad y el amor, precisamente las premisas fundamentales que configuran la vida integral del hombre.

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Miguel Angel Padula